Influencia del clima en el estado emocional

¿Te cambia el humor cuando el año cambia de estación? ¿O es que las estaciones cambian tu año?

Que el humor cambia, cambia. Y si no, que se lo pregunten a tu cuerpo y lo que siente cuando pasas de hacer deporte a comer galletas.

Las sensaciones corporales tienen una finalidad que podemos considerar inherentes al propio funcionamiento del organismo. Algo así como: “pienso, luego siento”.

Por tanto, es lógico pensar que, ante cambios de temperatura, de presión, de si llueve o hace sol, por ejemplo, el organismo se altere y funcione de distinta manera.

Además, estos cambios en las sensaciones del cuerpo son memorizados y tenidos en cuenta en la toma de decisiones en tus días: ¿me abrigo o no?, ¿acepto el café caliente o no?

En este sentido, una idea se materializa en sensaciones y estados corporales. Por ejemplo, una palabra agresiva o triste, un correo estresante o una decisión difícil, producen cambios en el cuerpo, o sea que el pensamiento influye en el cuerpo. Este, sabe qué nos estamos diciendo y favorece una experiencia emocional diferente.

Como afecta el clima a las personas

Así, si hace sol y dices: ¡qué buen día!, las emociones asociadas serán: optimismo o alegría. Y al contrario, en los casos que se pone a llover comentas al respecto: ¡qué horror, ya me ha fastidiado el día!, tus emociones asociadas serán, probablemente, decaimiento o apatía. Seguro que te has preguntado alguna vez por qué te afectan los días nublados o lluviosos.

Las sensaciones y estados corporales que NO han sido causados por un agente externo, como el clima, también producen cambios en la mente. Es decir, nuestra forma de vida instaura cambios o hábitos en el organismo (hábitos de sueño, alimentación, activación corporal o deporte, etcétera), de lo que quizás no te hayas percatado.

Pero ahora que estás escuchando hablar de ello, te animo a que te revises para ver cómo influyen estos hábitos en ti. Por ejemplo: ¿tienes un horario para comer?, ¿o para ir a dormir?, ¿digestiones? Escucha tu cuerpo y lo que hace en cada estación del año y los cambios que produce.

Si como nos dice la Neurociencia, sabemos que las sensaciones del cuerpo se memorizan y se asocian a estados mentales, cabe pensar que: “el cerebro clasifica las sensaciones y piensa: este estado corporal ocurre cuando estoy nerviosa”. Por tanto, estoy nerviosa. O, este otro ocurre cuando estoy triste, como resultado, será que estoy triste. Y así, clasificamos un montón de cosas, incluidas nuestras relaciones con las estaciones del año, como positivas o amables; y viceversa.

En este sentido, el cerebro asocia este estado corporal (probablemente por malos hábitos) a un estado psicológico concreto. Y lo activa.

“Me pongo nerviosa porque mi cerebro ha reconocido esas sensaciones de mi cuerpo como aquellas presentes cuando estoy nerviosa”.

Y la has activado en ti porque le ha concedido el estatus psicológico: estoy nervioso. Pero probablemente no estás nerviosa, solo ocurre que el organismo ha activado alguna de sus costumbres de gestión interna.

Si es verano “estoy bien”, si es invierno “estoy estresado”.

¡Superinteresante!

Ten en cuenta que la salud mental también es fruto de una cuidada salud orgánica. Si comes bollería y bebes refrescos azucarados, tu rendimiento matutino dejará que desear. Da igual la primavera o el otoño.

Activará una digestión pesada y tu organismo tornará en sensaciones desagradables con las que tú dirás: “estoy nervioso”. Pero realmente no es así, es tu organismo quien trabaja y rinde bajo esa costumbre de funcionamiento digestivo: pesado. Si, además, le concedes estatus a través del pensamiento: “esto es por los nervios”, entras en un bucle ansiógeno que tarda en finalizar. Esto del posible problema de ansiedad, lo dejo para otro día.

¿Qué emociones generan los cambios de estación en las personas?

Cuando cambiamos de estación, hay cambios en la regulación de nuestro organismo, tal y como hemos visto en párrafos anteriores. No solo ocurren cambios en la temperatura del ambiente y el propio cuerpo, sino que también hay modificaciones en las relaciones sociales y profesionales. En estaciones en las que socializamos más, como el verano, o el humor es más amigable, la tendencia es la relajación y el disfrute, el optimismo o la flexibilidad. Y, al revés.

Bien, pues contemplando las sensaciones corporales que la emoción despierta, podemos acceder a la emoción que las origina.

Ejemplo: no es lo mismo pasear que verse inmerso en un conflicto. Y más aún, si el conflicto es duradero. Un compañero con el que no te llevas bien o un retorno a un espacio laboral del que no disfrutas porque hay luz artificial o porque hay mucho ruido, ya que suele haber reformas.

Lo que ocurre es que: inmersa en situaciones de estrés, tu amígdala recoge las sensaciones físicas asociadas y las activa ante tales situaciones, ocurran cuando ocurra. Te vas en verano y tu estado de ánimo es distinto y vuelves en otoño y retomas un humor seco que no sabes de dónde viene. Pues ya tienes una pista.

Cambio de estación y me desactivo.

El no moverme empeora mis sensaciones:

Eso es. El organismo está preparado para moverse cuando experimenta una emoción. Y, el no hacerlo le incomoda. Es necesario practicar actividades alternativas que te induzcan condicionamientos saludables. Por ejemplo, incluye movimientos corporales cada hora: movimiento de brazos, sentadillas, estiramientos, cocinar, ir de compras, montar en bici…, en fin, tantas opciones como posibilidades escojas. Independientemente de la estación del año en la que te encuentres, escucha a tu organismo, lo necesita. Es cierto que en verano hay mejor disposición para ello; y que el frío enlentece.

Pero en todo caso, es sabido que tanto la salud mental como la física se ven perjudicadas por el sedentarismo porque influye de forma negativa tanto en la percepción del YO (quién soy yo y qué hago aquí), como en la percepción del entorno (esto qué y para qué).

Así ayudamos a establecer la diferencia entre vida mental y corporal. La vida sedentaria es enemiga de la salud mental.

Cómo se mueve la información en tu cuerpo:

Se sabe que la información llega de forma redundante a diferentes regiones de nuestro cerebro. Es decir, desde todo el organismo llega al cerebro de forma indirecta o directa. Y, a este respecto, es interesante integrar el marco de referencia subjetivo de la cognición: el pensamiento tiene cosas que decir.

Por un lado: toda la información monitoreada del exterior, es integrada para interpretar la realidad. ¿Discuto con algún compañero? O ¿Me encanta el hábito del café de la máquina por la mañana?

Por otro lado: todo el funcionamiento del organismo es monitoreado de forma constante para asegurar que hay un equilibrio interno. O lo que llamamos Homeostasis. ¿Me tiembla la pierna? ¿Me duele el estómago? ¿Siento mareo?

¿Cómo se materializa esto?

Puede que tu corazón lata rápido o puede que tengas sueño. O puede que no vayas al baño en unos días o puede que tengas una impronta de sensaciones…, según requieras reequilibrar el organismo.

Recuerda estas ideas clave cuando notes cambios en tu organismo, no solo por el cambio de estación del año, sino por las modificaciones ambientales y mentales que experimentas a lo largo de tu vida.

No es algo malo, es algo vital.

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